Durante el embarazo no es raro que puedan presentarse nuevos lunares en nuestra piel, o que se produzcan cambios en los habituales ¿debemos alarmarnos? pues como decimos en Galicia ¡depende!

En el embarazo, el incremento de ciertas hormonas puede producir cambios en los lunares que llevamos padeciendo toda la vida. Es frecuente que se vuelvan más oscuros o que se produzcan cambios de tamaño, especialmente el crecimiento derivado del estiramiento de la piel en la tripa. También pueden aparecer lunares nuevos exactamente igual que en cualquier otro momento de la vida, y como en cualquier etapa, también pueden aparecer lunares malignos (melanoma). El melanoma es el 3er tumor maligno más diagnosticado en Australia durante el embarazo.

¿Cuándo debemos preocuparnos?

Como siempre que hablamos de lunares, se recomienda seguir el criterio ABCDE, la rutina habitual para revisar nuestros lunares durante todo el año:

  • A (asimetría): cualquier lunar nuevo o antiguo que se vuelva asimétrico.
  • B (bordes): lunares con bordes irregulares.
  • C (colores): más de 3 colores entre rosa, blanco, marrón claro, oscuro, negro, gris y azul.
  • D (diámetro): debemos tener especial cuidado con los lunares más grandes.
  • E (evolución): uno de los datos más importantes es que cambie con rapidez.

Ante cualquier sospecha es recomendable acudir al dermatólogo para valorar si el lunar puede presentar algún riesgo. Si es así, la recomendación es quitarlo, ya que la anestesia local no supone ningún riesgo para el bebé. El dermatólogo debe conocer los cambios normales de los lunares durante el embarazo para evitar quitar lunares de forma innecesaria.

Durante el embarazo también pueden salir otras manchas marrones que no son lunares. Es muy frecuente la aparición de melasma, normalmente en la cara pero también pueden aparecer en otras zonas del cuerpo como escote y brazos. Suelen ser manchas planas y grandes en áreas expuestas al sol.

También puede aparecer una linea oscura (linea alba) dividiendo el abdomen desde el pubis hasta el pecho. Los pezones, axilas o incluso la zona genital también se puede oscurecer. Otro fenómeno relativamente frecuente es la aparición de pequeñas rugosidades en la piel (muchas veces confundidas con verrugas o con lunares), especialmente en cuello y abdomen, se tratan de fibromas y queratosis seborreicas. En algunas ocasiones disminuyen tras el parto, pero en la mayoría de los casos, llegan para quedarse; no son contagiosas y suele haber un componente hereditario, seguirán apareciendo más con el tiempo y con los cambios hormonales, pero se retiran de forma sencilla y con resultados cosméticos excelentes mientras son pequeñas.

Durante el embarazo se producen muchos cambios en nuestro organismo y la piel es el órgano más visible, además estamos especialmente alerta ante cualquier cosa que pueda alterar el proceso. No hay que preocuparse en exceso, pero en caso de duda o sospecha, lo mejor será siempre consultar a nuestro especialista de confianza.

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