La rosácea es la patología de la piel que más veo en mis consultas, y no es de extrañar porque puede estar presente en un 10% de la población, especialmente en mujeres con tonos claros de piel.

Su presentación es muy variada y casi podríamos decir que no hay dos rosáceas iguales y es que es una patología influenciada por muchos factores, existe una predisposición genética, pero influyen también otros factores internos y externos, por ejemplo: desequilibrio de los microorganismos de la piel con exceso de demodex folliculorum entre los más determinantes, fallo en la barrera cutánea, uso excesivo o inadecuado de cosméticos, alteraciones intestinales u hormonales, exposición frecuente a cambios de temperatura, ciertos alimentos, el consumo de alcohol, tabaco, una excesiva función de la glándula sebácea y un largo etcétera.

Distintas formas de rosácea

Recordad que como siempre decimos, la piel con rosácea o la piel sensible no es un tipo de piel normal, sino que existe una patología y como tal, hay que realizar un tratamiento adecuado, y no contentarse con el uso de cosméticos específicos, que con frecuencia pueden acabar empeorando el problema.

Es por tanto perfectamente comprensible, que existan más de 30 tratamientos (tópicos y orales, no hablamos de cosméticos o dispositivos lumínicos y láser) que se pueden usar para mejorar o curar la rosácea. El tratamiento debe ser totalmente personalizado para cada paciente, y se debe evaluar rigurosamente cuales son los desencadenantes que están dando lugar al problema de forma individualizada para optar al mejor tratamiento, que optimice el proceso y los resultados. Es tan importante acudir a tu dermatólogo de confianza para valorar el caso concreto y si fuera necesario, a un dermatólogo especialista en tratar rosácea.