Cosméticos ¿aliados o enemigos?

Hoy en día disponemos de una cantidad apabullante de cosméticos en el mercado, existe cosmética vegana, ecológica, nanocosmética, etc. y orientada a un sin fin de usos: hidratante, secante, exfoliante, anti manchas, anti arrugas, anti envejecimiento, calmante, activadora, limpiadora; para abrir los poros, cerrarlos, cubriente, fotoprotectora, antipolución, protectora de luz azul y un largo etcétera. También nos anuncian cosmética especializada por tipos de piel: grasa, seca, acneica, sensible, intolerante, madura, mixta, con tendencia a las rojeces o piel atópica además de otras.

Lo cierto es que muchas y muchos pacientes que acuden a mi consulta lo hacen confundidos, con una bolsa llena de cosméticos a medio usar; rutinas mágicas ultra caras y productos naturales, que le han ido recomendado en distintas farmacias o tiendas, que han cogido en el supermercado o que han probado por recomendación de influencers. Buscan el producto que mejor se adapte a su “tipo de piel”, cuando lo que están haciendo es empeorar su problema dermatológico. Y es que una piel que se irrita fácilmente, que padece acné o manchas, que necesita ser hidratada constantemente o que tiene una capa de grasa permanente, es una piel con un problema en su barrera y con desequilibrios en sus funciones y por tanto no necesita una cosmética especial, sino que habitualmente lo que necesita es aplicar TRATAMIENTO, aquel que le ayude a recuperar el equilibrio y restablecer sus funciones normales.

Los cosméticos pueden ser grandes aliados para mantener o mejorar las necesidades de la piel una vez se han resuelto sus problemas de base, pero sin tratamiento, su uso es insuficiente o incluso parte del problema, especialmente cuando se hace de forma abundante y desordenada. Lo cierto es que si tienes una piel sana, no es necesaria una rutina cosmética compleja.