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El bronceado: más riesgos, menos beneficios (I)

25 de mayo de 2015 por Dra. Sandra Mateo

Hoy vamos a hablar del artículo Update on tanning: More risks, fewer benefits, publicado en marzo de 2014 en el Journal of the American Academy of Dermatology. Se trata de una revisión de los estudios disponibles sobre los riesgos y beneficios de cada tipo de sistema de bronceado, centrándose en los artificiales y con especial énfasis en los problemas relacionados en gente joven. Aclarar que lo aquí escrito no es una traducción literal del artículo, sino una adaptación, con ampliación de alguna información que me parece interesante y comentarios de las conclusiones. Para más información os aconsejo leer el artículo original y la bibliografía aportada.

Mecanismos fisiológicos del bronceado

En este apartado introductorio los autores nos explican que hay dos tipos de respuesta de la piel al bronceado:

  • Pigmentación constitutiva: es la genéticamente predeterminada por nuestras características étnicas/raciales. Los melanocitos (células que producen el pigmento de la piel) producen dos tipos de pigmento: eumelanina (negro) y feomelanina (rojo-amarillento). Al contrario de lo que cree mucha gente, la cantidad de melanocitos en la piel es la misma en todas las personas. Los diferentes espectros de color de la piel varían según la producción de cada uno de estos pigmentos. Así, las personas de piel muy oscura tienen unas proporciones elevadas de eumelanina con respecto a la feomelanina, mientras que las personas de piel muy blanca producen mucha feomelanina y poca eumelanina. La eumelanina nos protege de forma más efectiva contra las radiaciones solares e induce el bronceado. La fotoprotección que nos proporciona nuestra pigmentación constitutiva se ve bien si comparamos el riesgo de cáncer de piel de una persona albina con el de una persona de piel negra: es muchísimo mayor.

  • Pigmentación facultativa: es un término utilizado para referirse al incremento de la coloración de la piel como protección a factores externos, es decir, la capacidad de broncearse de cada persona. Aunque también está genéticamente determinada, depende de factores externos, incluida la dosis de UV recibida, agentes fotosensibilizantes (como algunas medicinas o plantas naturales) o cambios hormonales.

Según la mezcla de pigmentación constitutiva y facultativa de cada persona, podemos clasificar el tipo de piel según el fototipo. Así, una persona con fototipo I se define como de piel muy pálida, generalmente pelirroja, con una piel que casi siempre se quema y apenas se broncea; mientras que una persona con fototipo VI tendrá la piel muy oscura (propia de subsaharianos y afrodescendientes) y nunca se quema.

Radiación ultravioleta

De forma sencilla podemos dividir el espectro de la radiación solar en radiación ultravioleta (UV), radiación visible e infrarrojos. La radiación UV, la implicada en el bronceado, puede dividirse a su vez en tres:

  • UV tipo C (UVC): radiación muy peligrosa pero que no llega a la superficie de la tierra, ya que es filtrada por la capa de ozono.

  • UV tipo B (UVB): la responsable de las quemaduras solares y la que más daña directamente el ADN de las células de la piel. Sólo penetra hasta las capas más superficiales de la piel.

  • UV tipo A (UVA): más implicada en el bronceado, es la clave del envejecimiento de la piel por el sol, el llamado fotoenvejecimiento. Penetra de forma más profunda en la piel.

Las dos, UVA y UVB, producen cáncer de piel. Por eso las cabinas, que emiten sobre todo UVA, tampoco son seguras. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, de la OMS, clasifica la radiación UV y las cabinas de bronceado como cancerígenos para el ser humano. Si te preocupa alguna lesión, en la consulta de dermatología oncológica o en una revisión de lunares la miramos con el dermatoscopio.

Beneficios de la exposición a los rayos UV y del bronceado

Aunque parezca lo contrario, no todos los efectos de la UV son malos. La evolución es sabia y, pese a los importantes daños que produce el sol en la piel, también hemos aprendido a sacar partido de esta constante agresión.

  1. El bronceado nos hace más guapos: o eso cree el 90% de las mujeres entrevistadas. En los países occidentales el icono de belleza incluye una piel bronceada y uniforme, motivo por el que muchas personas (especialmente mujeres) acuden a las cabinas de autobronceado, utilizan productos para teñir la piel o se pasan muchas horas tomando el sol.

  2. El bronceado aumenta la energía y la confianza: aunque no está probado científicamente, muchas personas opinan que estar morenas les sube la autoestima y mejora el humor. Esto puede deberse a que el proceso químico que sucede en nuestro cuerpo cuando tomamos el sol libera β-endorfinas, una hormona implicada en el placer similar a la que se produce cuando tomamos morfina. Se cree que esta hormona también puede ser responsable de lo conocido como adicción al bronceado o tanorexia.

  3. La exposición al sol y el bronceado también se asocian con sentimientos de calidez y relajación, contribuyendo a la ya comentada dependencia. Según un estudio hecho en una playa de Texas, el 53 % de quienes tomaban el sol cumplía unos criterios de dependencia adaptados al bronceado.

  4. La exposición a UVB permite a la piel fabricar vitamina D. Algunos estudios observacionales relacionan tener buena vitamina D con menos cáncer de colon, mama o próstata y con menos enfermedades como la esclerosis múltiple o la gripe, pero son asociaciones: el gran ensayo VITAL, con suplementos de vitamina D, no encontró menos casos de cáncer. Lo contamos con calma en vitamina D: qué es cierto y qué es mito. Para la vitamina D bastan exposiciones cortas al sol y la dieta; ponerse moreno no hace falta. Ojo, que hablamos de la exposición a UVB. Como veremos más adelante, las cabinas bronceadoras emiten sobre todo rayos UVA.

Y de momento lo dejamos aquí. En la segunda parte del artículo hablaremos de los fotoprotectores y de los tipos de sistemas actuales de bronceado artificial. ¡Estad atentos!

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