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El bronceado: más riesgos, menos beneficios (II)

18 de septiembre de 2015 por Dra. Sandra Mateo

Con algo de retraso debido a las vacaciones de verano, vamos a terminar con la segunda parte de los temas tratados en el artículo sobre las novedades sobre el bronceado. Podéis leer la primera parte de este artículo, donde hablamos sobre los mecanismos fisiológicos del bronceado, los tipos de radiación ultravioleta y los beneficios de la exposición solar.

En esta segunda parte realizaremos un breve resumen sobre los fotoprotectores, y hablaremos de diversas formas de broncearse: bronceado natural, cabinas bronceadoras, autobronceadores tópicos y bronceadores inyectables. Recordad que no es una traducción literal, sino una interpretación, simplificando las partes más áridas y añadiendo información extra que me parece interesante.

Fotoprotectores solares, ¿son realmente útiles?

Los fotoprotectores o protectores solares son sustancias tópicas presentadas en loción, gel, crema o spray que evitan o disminuyen las quemaduras debidas a la exposición solar. Impiden el paso, de forma parcial, de las radiaciones ultravioletas solares. Los primeros fotoprotectores comerciales aparecieron en 1928, aunque la venta al público no se extendió hasta 1936.

Se ha demostrado que los fotoprotectores disminuyen el fotoenvejecimiento, las queratosis actínicas y el carcinoma escamoso. Durante años se dudó de su papel frente al melanoma, pero un ensayo hecho en Nambour (Australia) mostró que quienes se ponían fotoprotector a diario tuvieron menos melanomas que quienes lo usaban sólo de vez en cuando. Eso sí, el fotoprotector no es un permiso para pasar más horas al sol: suma a la sombra, la ropa y el horario, no los sustituye.

Tanto la radiación ultravioleta B (la que quema) como la A (la que llega más hondo y envejece la piel) dañan el ADN de las células y favorecen el cáncer de piel. Por eso hay que elegir un fotoprotector de amplio espectro, con el sello UVA en el envase y factor 30 o más, aplicarlo en cantidad generosa y repetirlo cada dos horas y después del baño.

En conclusión ¿recomendamos el uso de fotoprotectores? Indudablemente. Son útiles para el día a día, no solo en la prevención del cáncer de piel, sino para mantener una piel con menos arrugas y manchas. Ahora bien, independientemente de si usamos fotoprotector o no, hay que mantener otras conductas fotosaludables como son el uso de ropa con factor de protección, especialmente en niños, evitar estar muchas horas con gran superficie corporal expuesta (especialmente en playas y piscinas) y promover la exposición solar progresiva y durante todos los días del año, no de forma intensiva en los meses de verano como suele ser lo habitual.

Cabe resaltar que si hay bronceado, si conseguimos que nuestro tono natural (según nuestro fototipo) pase a uno más oscuro es porque nuestros melanocitos (células que producen el bronceado) han estado expuestos a radiaciones nocivas. El bronceado es un mecanismo de defensa de nuestro cuerpo y sólo se pone en marcha cuando hay una agresión.

Bronceado natural

El método natural de broncearnos es a través de los rayos del sol. Cabe resaltar que si hay bronceado, si conseguimos que nuestro tono natural (según nuestro fototipo) pase a uno más oscuro es porque nuestros melanocitos (células que producen el bronceado) han estado expuestos a radiaciones nocivas. El bronceado es un mecanismo de defensa de nuestro cuerpo y sólo se pone en marcha cuando hay una agresión.

Una vez aclarado esto, tampoco es sano esconderse todo el día del sol (excepto en gente con ciertas enfermedades de piel) ya que comentábamos en el anterior artículo que el sol también tiene algunos beneficios.

Cuando nos exponemos de forma natural a la radiación ultravioleta, debemos de tener en cuenta una serie de principios:

  1. Lo más importante es evitar la exposición en las horas de máxima radiación que en nuestras latitudes son entre las 12 y las 5 de la tarde, especialmente en el verano.

  2. Limitar las horas de exposición. Es mucho más saludable exponerse todos los días 1 hora, que ir el fin de semana durante 8 horas a la playa.

  3. Usar tejidos que protejan contra la radiación. No solo sombrillas o gorros, sino camisetas e incluso pantalones. Sin olvidarnos de las gafas de sol. Es fundamental en los niños, pero también ayuda en adultos. Como dato curioso, no todos los tejidos protegen por igual contra la radiación. Protegen más los tejidos tupidos y de colores oscuros, como el vaquero, que los finos y claros, como una camiseta de algodón blanca. También hay prendas diseñadas para proteger del sol, que indican su factor de protección en la etiqueta.

Reflexionemos sobre nuestros motivos para exponer la piel al sol. En la mayoría de los casos el motivo es estético: no tener marcas o tener la piel morena es lo que se busca para ser socialmente atractivo. En países como Australia, en la que la incidencia del cáncer de piel está por las nubes, están pagando muy bien esas banalidades de décadas anteriores, y hoy por hoy las nuevas generaciones están muy concienciadas. En otros países, como Japón, lo “bonito” es el blanco y el bronceado se ve como falta de cuidado personal, por lo que el problema es exactamente el contrario al nuestro.

El uso de cabinas bronceadoras antes de los 35 años incrementa el riesgo de padecer melanoma entre un 59 y un 75%. 3400 casos anuales de melanoma en Europa se producen por el uso de cabinas bronceadoras.

Cabinas bronceadoras

El bronceado de interior se puso de moda en la década de los 70. Para ello se utilizan lámparas que emiten radiación ultravioleta (97% UVA y 3% UVB). Estos mecanismos pueden encontrarse en salones de bronceado, centros de fitness e incluso en casas privadas. En Estados Unidos se estima que existen 50.000 complejos de este tipo y que generan un gasto de más de 500 millones de dólares anuales. Un 10% de la población de Estados Unidos usa cabinas bronceadoras, especialmente las mujeres jóvenes caucásicas (un 30% de este estrato poblacional). La mayoría de las usuarias lo utilizan para sentirse más guapas y conocen los riesgos que conllevan.

El uso de cabinas antes de los 25 años aumenta el riesgo de carcinoma basocelular en un 40 % y el de carcinoma escamoso en más del doble, y se estima que las cabinas causan 170.000 casos de cáncer de piel al año en EEUU.

El uso de cabinas bronceadoras antes de los 35 años incrementa el riesgo de padecer melanoma entre un 59 y un 75%. 3400 casos anuales de melanoma en Europa se producen por el uso de cabinas bronceadoras. Los pacientes diagnosticados de melanoma que usaron en algún momento una cabina bronceadora tienen más riesgo de que el melanoma sea más agresivo y de tener metástasis. La Organización Mundial de la Salud incluye las cabinas bronceadoras como carcinógenos conocidos.

Además, el uso de solarium o cabinas bronceadoras produce adicción. En su grado extremo esta adicción se conoce como tanorexia. Según la opinión de la AEDV (Asociación Española de Dermatología y Venereología), no deberían usarse bajo ningún concepto.

Autobronceadores tópicos

Los autobronceadores tópicos son una alternativa más segura que el bronceado con radiación ultravioleta. Estos productos se aplican directamente en la piel por el consumidor o un profesional. Hay 2 tipos:

  • Autobronceadores temporales: son solubles en agua y duran mientras el consumidor no se sumerja en agua.

  • Autobronceadores duraderos: son productos que contienen dihidroxiacetona o eritrulosa (unos tipos de azúcares) que en contacto con la piel producen una reacción de Maillard (la misma que dora el pan al tostarlo) cuando contactan con las proteínas de la capa superior de la piel, produciendo la coloración característica. Desaparecen en 1 semana cuando las células muertas de la piel se van eliminando. Estas sustancias no protegen contra la radiación ultravioleta, incluso parecen generar un mayor número de radicales libres con la exposición solar, por lo que se desaconseja pasar mucho tiempo al sol si se utilizan.

Pastillas bronceadoras

En muchos lugares se consiguen sin prescripción médica y contienen derivados de una sustancia llamada cantaxantina. Es un carotenoide que se encuentra de forma natural en algunas plantas, seta, pescados, crustáceos, algas y bacterias. Es soluble en la grasa y cambia la coloración de la piel a un anaranjado-marrón depositándose en la piel y la grasa subcutánea. Se acumula en la retina pudiendo causar una retinopatía. También se han descrito casos de urticaria, hepatitis y anemia aplásica.

Otro carotenoide utilizado como bronceador es el betacaroteno, un carotenoide amarillo anaranjado que se utiliza en algunas enfermedades fotosensibles como la protoporfiria. Los ensayos no han demostrado que prevenga el cáncer de piel, y en personas fumadoras puede aumentar el riesgo de cáncer de pulmón.

Una nueva moda: análogos inyectables de la MSH

La hormona estimulante de melanocitos (MSH) es un grupo de hormonas producidas en el cuerpo que estimulan a los melanocitos, las células que producen el color de nuestra piel, para que fabriquen más pigmento. En 1980 se crea en laboratorio el primer análogo de la MSH, la afamelanotida. Se ha estudiado en otras enfermedades de la piel, como el vitíligo. Hoy está aprobada sólo para una enfermedad rara de fotosensibilidad, la protoporfiria eritropoyética, y la prescriben médicos especialistas.

Con las noticias de este nuevo fármaco han aparecido puntos de mercado ilegal de sustancias parecidas, la más famosa con el nombre de melanotan. Estos análogos de la MSH son mucho más potentes que la MSH producida de forma natural en el cuerpo, incrementando la capacidad de pigmentación de la piel. Es conocida en internet como la “droga Barbie” ya que además de los efectos descritos incrementa la libido y disminuye el apetito. Se desconoce el perfil de seguridad de estos fármacos. Especialmente inquietante es la publicación de varios casos de melanoma en jóvenes tras el uso de esta droga, pero también puede afectar a otros órganos como el corazón, los riñones o el equilibrio bioquímico e inmunitario de la sangre. Por estos motivos se desaconseja usar estos productos de venta ilegal.

Conclusiones

Y tras todo lo expuesto sólo queda daros mis conclusiones: recomiendo moderación, como todo en esta vida. Está claro que los humanos nacimos para vivir al aire libre, disfrutar de la naturaleza y del deporte y no encerrados las 24 horas del día. Pero ojo, tampoco evolucionamos para pasarnos 1 o 2 meses del año tostando toda nuestra piel en la playa o la piscina, durante más de 3 horas al día. Lo mejor es 1 horita de paseo o ejercicio diario al aire libre, tanto en invierno como en verano, evitando las horas de máxima radiación solar. Y creo que merece la pena reflexionar si realmente es imprescindible exponer toda (o casi toda) nuestra piel al sol, para disfrutar de la playa, o si con una camiseta también es agradable.

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