Hoy comentamos un estudio sobre alcohol y rosácea publicado en 2017 en la JAAD (revista de la Academia Americana de Dermatología), que habla de la relación entre la ingesta de alcohol y la aparición de rosácea en mujeres.
¿Qué es la rosácea?
De forma breve, podemos decir que la rosácea es una enfermedad muy frecuente: afecta a algo más de 5 de cada 100 adultos. Se cree que la produce un mal funcionamiento de los pequeños vasos superficiales de la piel de la cara, que se dilatan con más facilidad que en una persona que no padece rosácea, asociado a un componente de inflamación.
¿Y qué tiene que ver el alcohol?
El alcohol actúa en el cerebro, alterando entre otras cosas la regulación de esos pequeños vasos faciales y produciendo una dilatación mayor de la normal. Es el enrojecimiento y el calor en la cara que muchas personas notan tras una copa (lo que en dermatología llamamos flushing), y en quien tiene rosácea puede desencadenar un brote. Este efecto lo conocemos desde hace tiempo, pero los estudios anteriores sobre alcohol y rosácea daban resultados contradictorios, y ninguno había seguido a tantas personas durante tantos años.
¿Qué encontró el estudio?
Siguieron durante 14 años a 82.737 enfermeras de Estados Unidos y contaron cuántas desarrollaban rosácea: fueron 4.945. Cuanto más alcohol bebían, más riesgo tenían de llegar a desarrollarla. Incluso los consumos bajos, de entre 1 y 4 gramos de alcohol al día de media (menos de media copa de vino), se asociaron a un riesgo algo mayor, y con 30 gramos o más al día (unas tres copas) el riesgo era alrededor de una vez y media el de las mujeres que no bebían.
Hay que tener en cuenta que es un estudio observacional: muestra una asociación, no demuestra que el alcohol cause la rosácea. Y midió quién la desarrollaba, no la gravedad ni los brotes en quien ya la tenía.
¿Influye el tipo de bebida?
A las participantes se les preguntó por 5 bebidas diferentes: cerveza normal, cerveza ligera, vino tinto, vino blanco y licor. Tradicionalmente se culpaba sobre todo al vino tinto. En el estudio, sin embargo, fueron el vino blanco y los licores los que se asociaron a más riesgo de desarrollar rosácea, mientras que con la cerveza y el vino tinto no se vio una relación clara.
Esto no convierte ninguna bebida en segura. Los propios autores separan dos cosas: llegar a tener rosácea y que una bebida te enrojezca cuando ya la tienes. Si ya tienes rosácea, cualquier bebida alcohólica, también el vino tinto, puede provocarte un brote de enrojecimiento.
Entonces, ¿no beber o elegir lo que bebemos?
Más que elegir una bebida, lo que ayuda es beber lo menos posible y conocer tus propios desencadenantes. El alcohol es uno de ellos, pero no el único, y no afecta igual a todo el mundo: fíjate en qué situaciones te sube el enrojecimiento y coméntalo con tu dermatólogo, porque identificar y evitar esos desencadenantes forma parte del tratamiento.
Cuando el enrojecimiento se queda de forma permanente o aparecen vasitos visibles, además de cuidar los desencadenantes existen tratamientos. Uno de ellos es la luz pulsada para la rosácea y la cuperosis, con la que el enrojecimiento y los vasos tratados tienden a atenuarse. Si quieres saber más sobre las distintas formas de la enfermedad, puedes leer la rosácea y sus mil caras.
En resumen
Si tienes rosácea o predisposición a la rosácea, recuerda que es fundamental consumir el mínimo alcohol posible, sea cual sea la bebida, y observar qué te provoca los brotes a ti. ¡Que no te suban los colores!



