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SANTIAGO DE COMPOSTELA

Cuidado de heridas, que hacer cuando sufrimos algún daño

Aunque es algo habitual, a veces saber qué medidas adoptar para la curación de una herida puede no ser tan sencillo. En este artículo quiero aclarar algunos conceptos que os ayuden a un mejor cuidado de las mismas.

Para comenzar, vamos a definir algunos términos relacionados que a menudo podemos escuchar ¿qué significan las palabras asepsia, antisepsia y desinfección?

La asepsia es el proceso por el que conseguimos que ningún germen patógeno invada un medio libre de estos (por ejemplo, el lavado de manos). La destrucción de los gérmenes que puedan ser patógenos y causar infección en tejidos vivos se llama antisepsia, mientras que en objetos o superficies (como el suelo) se llama desinfección. Para ello, usamos los antisépticos y los desinfectantes.

Los antisépticos que más utilizamos y que se encuentran habitualmente en nuestros botiquines son el alcohol etílico al 70%, la povidona yodada (Betadine®), el gluconato o digluconato de clorhexidina en solución acuosa o alcohólica (Cristalmina®, Diaseptyl®), la sulfadiazina argéntica (Silvederma®), el nitrato de plata o la mercromina.

  • El alcohol es muy utilizado, tanto al 70% (concentración recomendada) como en otras graduaciones mayores, siendo una buena opción como antiséptico siempre que la piel esté íntegra (que no haya heridas), por ejemplo, antes de una inyección, de hacer una analítica… El inconveniente del alcohol es que se inactiva en presencia de sangre y pus. Además, su aplicación en heridas es dolorosa y puede favorecer la infección, ya que produce una costra bajo la que se pueden acumular gérmenes.
  • La povidona yodada aporta la función antimicrobiana (es un gran bactericida) y genera un ambiente húmedo en la herida que favorece la curación. Sin embargo, se ha visto que produce daño a las células de la herida (lo que llamamos citotoxicidad) y que, consecuentemente, conlleva un retraso en la cicatrización. Existe riesgo de absorción, por lo que se desaconseja su uso en lactantes y niños pequeños. Su empleo se recomienda cuando las heridas son recientes y no presentan restos de sangre o pus (se inactiva en presencia de estos), así como método de antisepsia antes de una intervención. Además, sería necesario aplicarla 4 veces al día para obtener el máximo efecto antimicrobiano.
  • La clorhexidina es un antiséptico de amplio espectro (actúa ante una gran variedad de gérmenes). Se utiliza en distintas concentraciones, entre el 0,5 y el 4%, tanto en forma acuosa como alcohólica. No es irritante pero, al igual que la povidona yodada, se inactiva en presencia de materia orgánica (sangre, pus…). No existe riesgo de absorción sistémica. Su efecto máximo se alcanza en 20 segundos y su efecto dura aproximadamente 6 horas (diferencia importante con el Betadine, cuya acción residual es mínima). Es importante evitar el contacto con los oídos y con los ojos, ya que puede provocar daño en la capa córnea. Esta es una de las mejores opciones a la hora de curar las heridas.
  • El peróxido de hidrógeno (agua oxigenada) se usa en concentraciones entre el 0.5 y el 29% y tiene gran actividad bactericida, aunque esta aumenta con pH más ácidos y mayores temperaturas. Al igual que los anteriores, se inactiva con materia orgánica, aunque también con el aire y la luz. Una de sus acciones es hemostática (ayuda a parar el pequeño sangrado de una herida). Nos puede ayudar en la limpieza de una herida pero es necesario complementarla con otro antiséptico.
  • La mercromina® es un producto de baja potencia bactericida, que se inactiva en presencia de sangre. Existe, además, el riesgo de producir dermatitis de contacto y de absorción sistémica. Por ello, es la opción menos aconsejable.
  • La sulfadiazina argéntica es un antiséptico muy empleado para el tratamiento de las quemaduras de 2º y 3º grado. Actúa frente a bacterias y hongos. Como ventaja frente al nitrato de plata, no mancha los tejidos. Existe riesgo de absorción sistémica, sobre todo cuando se usa en áreas extensas, desaconsejándose su uso en niños menores de 2 meses. Una posible reacción adversa con su uso es la fotosensibilidad (mayor riesgo de quemadura con el sol).

Existen poblaciones de riesgo para la infección de una herida. Forman parte de estos las personas diabéticas (niveles de glucosa en sangre aumentados), ya que presentan mayor dificultad para la cicatrización de las heridas, aumentando el riesgo de infección de la misma.

Por último, queremos insistir en que el uso de antibióticos, tópicos o sistémicos, se reservará para aquellos casos en los que existan datos de infección: calor, eritema (color rojo alrededor de la herida), dolor, presencia de exudado purulento (“pus”), fiebre, escalofríos o mal olor de la herida. No deben usarse para prevenir una infección ni para ayudar a la curación de las heridas (no aportan mejores resultados que los antisépticos usados habitualmente). En tal caso, siempre que se sospeche una infección, la herida deberá de ser evaluada por vuestro médico o dermatólogo, antes de administrar otros tratamientos.

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